He
partido muchas veces
sin
regresos.
He
muerto muchas veces
sin
resurrecciones.
Practicar
la vuelta
no
es tarea fácil
menos
hallar alguien al regreso.
Aceptarse
uno mismo en la partida
no
irse de a medias
o
traicionarse infiel
en
la actitud, en la materia, o el recuerdo.
Aceptar
al otro en la partida
no
atarlo a mi viaje sin retorno
por
mezquindad o egoísmo.
Y
entonces al fin
partir en cerio
morir en cerio.
O
volver y practicar todos los días el regreso.
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