Para las voces del camino
soy la voz que grita en el desierto.
Mis mejillas son entrega
a los profanadores de lo muerto
a los ladrones del misterio de la vida
a los sofistas de palaras vacías
a los que piden testimonio de mi fe.
Cundo sacude a despertar una conciencia
se enciende en mi ventana una luz
allí donde el mundo monto el teatro
la tragedia del dolor.
Resucito de mis muertes
y
resucito de las muertes
lacerada en la experiencia de mi carne
reedificada como templo del amor.
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